La niña interior: aprende a escuchar lo que sientes

A veces, llevamos dentro una parte de nosotras que aprendió a callar, a adaptarse o a restar importancia a lo que sentía para encajar en su entorno familiar. Es nuestra niña interior, que puede seguir presente en la vida adulta, influyendo en cómo nos relacionamos, cómo vivimos nuestras emociones y cuánto confiamos en nosotras mismas.

Reconectar con la niña interior no significa quedarse anclada en el pasado, sino comprender qué vivenciamos de pequeñas y cómo esos aprendizajes siguen afectando a nuestra manera de estar en el mundo muchos años después.

“No sé si tengo derecho a estar enfadada”, me dijo en una sesión una paciente. No había pasado nada extraordinario. Alguien había cruzado un límite que para ella era importante. Pero mientras lo contaba, estaba más preocupada por demostrar que su enfado era exagerado que por escuchar y validar qué le había ocurrido a ella.

Quizá no es que seas demasiado sensible. Quizá llevas demasiado tiempo intentando sentir o ser como los demás.

Amoldarte a la imagen que crees que encaja mejor con lo que los demás esperan de ti es renunciar a quién eres y el caldo de cultivo para la inseguridad y una flaca autoestima. Aparece la comparación y el juicio: «Si a los demás no les afecta, a mí tampoco debería afectarme. Soy rara». Y así, poco a poco, empiezas a desconfiar de lo que sientes. Tu enfado necesita una justificación, tu tristeza parece excesiva y tus necesidades se convierten en algo que tienes que explicar o disculpar. En realidad, no se trata de decidir si una emoción es “proporcionada” o “exagerada”, sino de poder escuchar qué te está pasando a ti y dar espacio a ese mundo interior antes de juzgarlo.

Hay personas que han aprendido a desconfiar de lo que sienten. Antes incluso de preguntarse de qué les pasa, ya están buscando una explicación para quitarle importancia. Si algo les duele, intentan que deje de doler desvalorando sus sentimientos. Si algo les enfada, se preguntan si tienen derecho a estar enfadadas. Si necesitan algo, enseguida aparece la duda: ¿estaré pidiendo demasiado?

Poco a poco, la mirada de los demás empieza a pesar más que la propia. Sin darse cuenta, dejan de escucharse. Y lo más doloroso: se abandonan en los momentos de vulnerabilidad, precisamente cuando más necesitan validarse y abrazarse a sí mismas.

Cómo influye la infancia en tu vida adulta

Muchas veces esta forma de relacionarnos con nosotras mismas tiene sus raíces en la infancia. Cuando éramos pequeñas, aprendimos a relacionarnos con nuestras emociones en función de las respuestas que recibíamos de nuestros padres o en la escuela. Quizá aprendiste que era mejor no enfadarse, que llorar era una exageración, que había que ser una niña buena, no molestar o adaptarse a las necesidades de los demás para recibir cariño. Tal vez no había espacio para expresar determinadas emociones o no encontraste la comprensión que necesitabas.

Con el tiempo, interiorizaste esta manera de tratarte y de relacionarte contigo misma y con el mundo. Y esa niña interior puede seguir apareciendo hoy cada vez que dudas de tu percepción, te cuesta decir que no o necesitas que alguien confirme que tienes motivos para sentirte cómo te sientes.

Cuando tu propia experiencia deja de ser una referencia fiable, también se resiente tu autoestima. Porque confiar en ti no consiste en sentirte segura todo el tiempo, sino en poder reconocer lo que te pasa sin invalidarte de inmediato, sin juzgarte ni maltratarte.

Aprender a no abandonarte

Trabajar con la niña interior en Terapia Gestalt implica aprender a escuchar tus emociones, reconocer tus necesidades y darte hoy el espacio que quizá en la infancia o adolescencia te faltó. Poder enfadarte sin sentirte culpable, expresar tristeza sin considerarte débil o poner límites sin creer que eres egoísta o que estás decepcionando a alguien. En el fondo, se trata de aprender a maternarse, de cultivar tu parte consciente y adulta para que cuando asome la niña interior y sus dudas, pueda encontrar en ti un refugio seguro. Y así, convertirte, poco a poco, en tu propia casa.

Quizá no necesitas cambiar lo que sientes, sino aprender a quedarte a tu lado cuando te sientes vulnerable.

 *FOTO: Pixabay (pixundfertig)

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