Alas de luna

Luna llena

 

Antes de empezar a leer este cuento, tómate un momento para respirar. Cierra los ojos y inhala y exhala tres veces lentamente en contacto con tu cuerpo. 

Este no es un cuento para aprender, sino para recordar. Habla de una parte de ti que te ha acompañado desde la tierna infancia, cuando sabías escuchar tus sensaciones y seguir tu corazón. Esa parte que sabe antes de pensar, que siente antes de explicar y que ha estado contigo desde siempre: tu intuición. 

Su mamá dio a luz en una madrugada húmeda, bañada por una enorme luna llena. Un fallo eléctrico sumió a oscuras la ciudad, pero la luminosidad del astro, regente de las mareas, fue el adecuado para asistir el parto. Los destellos plata atravesaban las ventanas del hospital y alumbraban la cama donde en cada contracción de la parturienta el cosmos infinito se encogía. Replegada en la oscuridad de las entrañas, Sofía decía sí a la vida y esperaba una señal de su madre para atravesar aquel umbral desafiante que latía sin cesar.

Fue un bebé chiquitito, con una carita luminosa cual la luna que la vio nacer. La mamá le susurraba que era su “niña bonita” y la exhibía con orgullo entre vecinas y amigas. Sofía se convirtió en una pequeña alegre y sensible. Empezó a hablar muy temprano. Observaba todo con atención y hacía muchas preguntas. Sentía devoción por los animales y el mundo de las hadas y los seres del bosque.

La fantasía desbordante de la niña junto con la sensibilidad innata de su corazón lunar desconcertaba a sus padres, quienes habían perdido la fe en la magia al rebasar la infancia. “Va a tener muchos problemas, si confía tanto en todo el mundo”, se repetía el padre, que temía por su vulnerabilidad.

Sofía tuvo que achicarse para encajar en un molde estrechito y encogió su luna como quien contiene la respiración para calzar en un traje inadecuado. Poco a poco su brillo innato se fue desvaneciendo. La adolescencia fue un auténtico sendero de espinas. En las noches de luna llena los destellos plata del firmamento se apoderaban de ella, pulsando por aflorar. Lloraba a mares, se quedaba hipnotizada aspirando las estrellas, escribía versos en secreto, bailaba descalza, o se embelesaba imaginando historias infinitas. “Eres rara”, le devolvía su mamá, cuando la joven desbordada le dejaba entrever su mundo interno.

Un día conoció a una viejita que le resultó familiar. Sofía estaba sentada en un banco del parque, absorta con el trajín de las hormigas cargando las migas de pan de su desayuno. La anciana se acercó a su lado y su fragancia la transportó a un vergel de rosas de seda. Se miraron curiosas y achinaron los ojos en una sonrisa transparente. No hizo falta cruzar palabra alguna. Una luz plata cosquilleó frente y mejillas de la muchacha. Y justo en ese instante atisbó los episodios más significativos de la vida de aquella anciana.

Era muy querida. Había repartido mucho amor. Pudo sentir su enorme corazón, una magnífica luna resplandeciente. Atónita por ese viaje hipnótico, Sofía miro a la abuela, quien le murmuró al oído: “Yo estoy a punto de alzar el vuelo, querida”. “Y me siento enormemente agradecida por haberte encontrado, pues tú albergas en tu interior el mismo material celeste. Recuerda, solo tienes que volver a ver con los ojos de la intuición”.

Sofía cerró los párpados, pero todo era negro. Los volvió a abrir y la anciana se había esvanecido como la niebla de las cumbres de las montañas con el aplomo del sol. “¿Cómo es ver con los ojos de la intuición?”, se preguntó. No lo sabía. Sin embargo, su corazón de luna asomaba entre las nubes y un gran bálsamo de amor irradiando desde su pecho la empezó a guiar para buscar su camino.   

 

*IMAGEN: Pixabay

 

Si quieres reservar tu primera cita gratis rellena este formulario. Atenderé tu solicitud con mucho gusto.

Tratamiento de mis datos personales

Responsable del tratamiento: Sandra Valent. Finalidad: Envío de la información solicitada. Legitimación: Consentimiento del interesado. Destinatarios: no se cederán datos a terceros, salvo autorización expresa u obligación legal. Derechos: acceder, rectificar y suprimir los datos, así como los otros detallados en la política de privacidad.

Si quieres probar una clase rellena este formulario. Atenderé tu solicitud con mucho gusto.

Tratamiento de mis datos personales

Responsable del tratamiento: Sandra Valent. Finalidad: Envío de la información solicitada. Legitimación: Consentimiento del interesado. Destinatarios: no se cederán datos a terceros, salvo autorización expresa u obligación legal. Derechos: acceder, rectificar y suprimir los datos, así como los otros detallados en la política de privacidad.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.